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Dragón del Sur Dojo

Dragón del Sur es un dojo ubicado en el pueblo de Epuyén, provincia de Chubut (Patagonia Argentina) creado como un espacio para la difusión ...

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Las tres distancias para la defensa


Si lo que buscamos es defender nuestra persona, y no una pelea, es necesario tener en cuenta la distancia entre nosotros y el agresor, y actuar en consecuencia. 


1 - El agresor o agresores se encuentra/n de 5 a 10 metros e insinúa/n un ataque, y no portan armas de fuego o arrojadizas. Reacción lógica: huir corriendo en sentido contrario. 

2 - El agresor o agresores se encuentra/n entre 5 y 2 metros. Reacción lógica: hay dos opciones, huir en sentido contrario, o acercarse y atacar. Para optar entre una de estas acciones, se tendrá en cuenta como cuestión decisiva el factor sorpresa y la cantidad de atacantes.

Si, por ejemplo, se trata de un único atacante y se descuida, debemos correr, atacar no tiene sentido. En cambio, si este redujo la distancia, habiendo nosotros olvidado mantenerla, la opción de correr ya no sería la más válida.

Por supuesto, todo esto sólo es válido mayormente si los atacantes están desarmados.

3 - El agresor se encuentra a una distancia de 2 metros o menos y desarmado. Se debe atacar. Una vez que el agresor haya quedado neutralizado o incapacitado para atacarnos o seguirnos, o la distancia entre nosotros y el o los agresores se haya ampliado, se debe huir.

Las acciones a tomar deben decidirse sin prejuicios sobre la "cobardía", la "hombría", etc., ya que no vienen para nada al caso en materia de defensa personal, y son en general contraproducentes y peligrosos

Esta es una forma de interpretar las distancias pero, por supuesto, no es la única. Dependiendo del arte marcial que practiquemos, entenderemos de distinta forma las distancias, pero lo cierto es que siempre habrá que tenerla en cuenta, al menos de forma insconciente, durante una pelea.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mejor suponer que es Bruce Lee...

Hace varios años, un profesor de Sipalki con el que compartí una clase me contó un anécdota real que le ocurrió, que me hizo ver la necesidad de pensar en Bruce Lee antes de un encuentro de marcial, sobre todo si se trata de defensa personal.

Foto: Wikipedia.


Este profesor me relató que una vez, estando entrenando en el Jardín Japonés de la Ciudad de Buenos Aires, coincidió con un hombre que practicaba Kung Fu. Le dijo si quería hacer un combate amistoso, y así lo hicieron...pero las cosas subieron de tono (o, quizás, el practicante de kung fu no tuvo el control suficiente) y terminó acorralando contra una pared al profesor de sipalki, y mientras mantenía la pierna estirada a la altura de su cuello, con el canto exterior de un pie lo estranguló y lo durmió...

Momentos más tarde el profesor de sipalki recuperó la consciencia sin daño alguno. Sin embargo esta experiencia, me dijo, le hizo empezar siempre a suponer que cualquiera al que se enfrentara puede ser mejor o más hábil que uno. A mi me gusta decir, para resumir este aprendizaje: "siempre hay que suponer que el otro es Bruce Lee" o, dicho de otra forma, nunca subestimes a tu contrincante, aunque lo conozcas pero, sobre todo, si no sabes nada de él.

Guiarse por las apariencias o por cualquier otro signo exterior en estos casos puede ser contraproducente, más vale ser humildes, aunque esto sea quizás uno de los más difíciles logros que puede alcanzar alguien en el mundo de las artes marciales o la defensa personal, o (todavía más difícil) en el día a día de la vida y en las relaciones con el otro.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Aprendiendo a caer y luchar en el suelo

Saber caer para no lesionarse y luchar en el suelo es tan necesario para la defensa personal como saber cuando pelear y cuando no hacerlo, y todo aquel que se interese por esta materia debería aprender unas nociones básicas. Sin embargo, incluso muchos practicantes de determinadas artes marciales tienen pendiente esta asignatura.
 
Práctica de newaza o lucha en el suelo de judo.
Algunas artes marciales prestan atención a la forma de caer o las caídas ("ukemi" en japonés) y a la lucha o técnicas en el suelo ("ne-waza"). Desde el punto de vista de la defensa personal, es importante dominar estos dos aspectos de la lucha por dos razones. La primera, toda pelea callejera suele terminar, casi sin excepción, en el suelo tras una caída. La segunda, la caída suele ser de los dos oponentes, y por lo tanto la lucha sigue y normalmente se define en el suelo.

Pero aunque caigamos solos, primero debemos hacerlo de forma tal que podamos evitar lastimarnos, y además poder seguir defendiéndolos de los ataques, ya sea que nuestro oponente siga en pie o caiga con nosotros. Dominando las caídas y la lucha en el suelo aunque más no sea a nivel básico, tendremos muchas más posibilidades de defendernos mejor el la calle, por el simple hecho de que incluso los que saben pegar no suelen tener esta habilidad, y así podremos aprovechar este punto débil sumándole el factor sorpresa.
En artes marciales como el Aikido o deportes de combate como el Judo, las caídas y la lucha en el suelo (en mayor o menor medida) son algo básico.

Las caídas [1] deben ser aprendidas, porque la forma segura de caer no tiene nada que ver con los reflejos instintivos que tenemos (apoyar las manos), y por lo tanto hay que "reeducar" al cuerpo en este sentido, contradiciendo estos instintos-reflejos hasta que sean reemplazados por nuevos instintos-reflejos automatizados de los ukemis.

Hay que tener en cuenta que este proceso de aprendizaje de los ukemis, al igual que sucede con otras técnicas y sobre todo con las katas, es similar al aprendizaje de la matemáticas. Es decir, no basta sólo con aprender como se hacen los ejercicios, es necesario "hacer ejercicios" muchas veces, practicar y practicar, repetir y repetir (uchicomis) hasta automatizar y pulir el gesto, pudiendo ejecutarlo de forma inconsciente y desde cualquier posición desde la que nos veamos obligados caer.

En Aikido la lucha en el suelo parte de posición de sentados "seiza" para moverse en "shiho", en Judo es más dinámica, continúa de la de suelo. Esto unido a la exigencia de la competición, hace que la lucha en el suelo practicada en Judo sea un aspecto muy trabajado, buscando más la efectividad que los formalismos o la tradición oriental. En el caso del Judo, se llega a tal extremos que algunos luchadores que son muy buenos en ne-waza, intentan llevar a sus contrincantes al suelo, dejándose tirar de forma no puntuable por éste o aprovechando técnicas de pie que están pensadas específicamente para continuarse con técnicas de suelo.

Pero también se da el caso contrario: artistas marciales e incluso judokas que le tienen "terror al suelo", y rehuyen siempre que pueden combatir abajo, ya sea porque su arte marcial no contempla este aspecto del combate, o porque simplemente no lo dominan o se sienten inseguros luchando en el piso. El problema que tienen estos competidores es el mismo que tendrá cualquier atacante que se enfrente a nosotros sin saber caer o luchar en el suelo: si amenazamos con hacerle perder el equilibrio, el miedo a caer le hará estar más inseguro peleando incluso arriba, y por lo tanto afectará a toda su forma de ataque-defensa, dándonos a su vez a nosotros más oportunidades de ganar o defendernos eficazmente.

Notas:
[1] En defensa personal las caídas que interesan son las que son consecuencia de los tirones, golpes, empujones, zancadillas, etc. Por lo tanto, hablamos de caídas de, cuanto mucho, un par de metros. De esta altura relativamente modesta es desde la que se enseña a caer en ciertas artes marciales. Cuando las caídas son desde alturas superiores o en condiciones diferentes (desde un piso, desde un puente, saltando al agua, etc.) no se aplica la misma forma de caer, sino otras pensadas para cada caso y que no tratamos por lo tanto en este artículo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Defensa personal ante el tabaco, o el dilema del no fumador

Cuando alguien se le pone a fumar al lado sin previo aviso, usted, que no fuma, tiene dos opciones para su defensa personal ante la intoxicación a la que lo someten...o debe decidir el eterno dilema del no fumador.

La opción "A" es decirle a la persona que fuma que por favor no lo haga. El problema de esta opción es que la mayoría de los fumadores lo mandarán a uno en el mejor de los casos a freír espárragos (por decirlo con una metáfora suave...). Si uno es un tipo con suerte, le pedirán disculpas y apagarán el cigarrillo. ¿Qué un desconocido le pregunte antes de encender uno? ¡eso sería casi un milagro!

Hay que considerar que esta opción trae indirectamente un beneficio al fumador, si es que este quiere apagar el cigarrillo, claro...¿se merece un fumador irrespetuoso que nos preocupemos por él aunque más no sea indirectamente? Si el ha elegido intoxicarse y morir lentamente, y no le importa hacer lo mismo con los que lo rodean, incluso en contra de la ley si puede evitarla, ¿por qué tendríamos nosotros que hacerle un favor?

Pero lo peor es que habrá lugares o situaciones donde será casi imposible exigir esto...quedaría uno como un ridículo, y todo se reirían de usted si pretendiera, por ejemplo, que no se fume en un bar o una discoteca donde lo permitan, o exigir a un grupo de personas con caras de pocos amigos que lo hagan cuando uno se encuentra en franca minoría...¿vale la pena intoxicarse por un "beneficio" social o recibir una paliza por intentar que no fumen al lado suyo?...usted no puede entrar a esos lugares si no quiere aspirar humo; ni tampoco permitirse una pelea en inferioridad de condiciones por pretender que no le fumen al lado... Deberá usar entonces la opción "B", o plantearse si no hay otros lugares donde exista ese beneficio sin estar asociado con ese perjuicio.

La opción "B" consiste en alejarse de la persona/s que fuma/n y, sin entrar en enfrentamiento alguno, dejarla que siga con su ritual suicida. Es mi opción preferida.

El problema que tiene es que, por un lado, esta persona sigue pese a todo contaminando el medio ambiente y a otras personas que no desean fumar pero que no pueden alejarse por cuestiones físicas o por inconsciencia del perjuicio que les causa (niños, ancianos. etc.). Por otro lado, muchas veces en lugares cerrados (en edificios, empresas, o nuestra propia casa) o con poco espacio (estaciones de tren, etc.) es literalmente imposible alejarse de una persona que fuma. Aquí no queda otra que volver a la opción "A", cueste lo que cueste.

Si tenemos claro que el fumar es "normal" por culpa de la ignorancia creada por el marketing de las empresas tabacaleras, y transformado en un acto social aceptado como derivado de esa ignorancia con fines comerciales; también tendremos claro que en ningún caso nosotros podremos ser tildados de "intolerantes".

SIEMPRE el intolerante es el fumador, no se puede permitir que alguien decida matarte y pretenda que se lo tolere simplemente porque uno pretende respirar aire puro, lo que SI ES UN DERECHO indudablemente. Todos tenemos derecho a la defensa personal, incluso ante el cigarrillo. Así lo recoge la ley, y lo dice el sentido común.

Espero sus comentarios queridos lectores de Dojomarcial. Compartan y difundan, y si son fumadores, no se enojen, esta es simplemente mi opinión por no serlo ;-)

martes, 5 de noviembre de 2013

Evaluando al maestro, eligiendo al alumno

Evaluar al maestro podría parecer en principio una contradicción, y de hecho en algunos casos lo es. Pero lo cierto es que desde siempre, pero todavía más en los últimos tiempos, el alumno debe elegir a su maestro, al margen de que el maestro también elija a su alumno.
 
Como el proceso de enseñanza-aprendizaje es uno y mutuo, si el educando no ejerciera su derecho de elección, el resultado sería educativo sería el de "adoctrinamiento", o simplemente el fracaso de la enseñanza, ambas cosas poco deseables en una sociedad democrática (o que aspire a serlo) al menos.

Por supuesto el derecho de evaluar al maestro no es ilimitado y propio de todos. Los menores de edad claramente no está en condiciones de hacerlo. Los adultos, por su parte, tienen la obligación de hacer esta elección cuando buscan una oferta educativa, y aunque lo primero es elegir la institución donde uno aprenderá, cada vez es más normal elegir también los maestros o profesores, ya sea por un proceso perfectamente contemplado en las normas del centro educativo, o informalmente, por el simple "desprecio-aprecio" que a largo plazo van ganando ciertos maestros o profesores como consecuencia de sus actitudes, su profesionalidad, su capacidad para enseñar, su sabiduría, etc.

Así, vemos que en muchas universidades es normal elegir a ciertos profesores dentro de una misma asignatura, y cambiar de profesor o de asignatura en caso de que este no cumpla nuestras expectativas, sin que esto afecte a nuestro currículum académico o a los tiempos calculados para terminar una carrera, ya que está contemplado como una práctica común y reglada.

En el caso de la enseñanza no formal, no académica o que se guía por reglas internas estipuladas por federaciones, asociaciones o grupos, como suele ser la enseñanza deportiva o de las artes marciales, a veces este proceso de elección del profesorado no está contemplado formalmente, pero se hace con la misma o mayor facilidad incluso. Porque evidentemente alguien que paga a una institución privada para aprender algo (club, gimnasio, academia, etc.) y no se siente cómodo con aquel o aquellos que enseñan, simplemente abandona el curso o la clase, deja de pagar y se va.

Como vivimos, la elección es la primera evaluación posible, y no se trata de algo que se hace solamente cuando empezamos una actividad educativa, sino que es un proceso constante, ya que los profesores son personas que (como todos) van cambiando, para bien o para mal. Pero hay que hacer algunas salvedades o aclaraciones sobre cuál es la capacidad de evaluación del alumno de sus profesores, y hasta donde puede llegar.

Debemos recalcar antes que nada lo que dijimos al principio: el proceso educativo es una actividad que atañe tanto a alumnos como a profesores, y esto significa que los profesores y/o las instituciones educativas también eligen a sus alumnos.

En efecto, está claro que no cualquier persona puede acceder a cualquier tipo de educación. Esto muchas veces es lamentable, además de ser un hecho.

Es de lamentar que un "limitador" o "discriminador" de alumnos sea su capacidad económica, por ejemplo. O el simple hecho de haber nacido en determinado país que tiene muy pocas posibilidades de darle una buena oferta educativa. O el tener determinado estatus social, determinados padres, determinada, en fin, suerte o fortuna. Ciertamente si alguien no tiene dinero para pagar unas clases o no tiene un lugar donde poder estudiar, difícilmente podrá aprender. 

Pero otras veces la limitación a cierto tipo de educación es justa y razonable, ya que lo que se persigue es elegir a los mejores entre los candidatos a un cierto tipo de enseñanza.

Para ejemplificar lo anterior, pongamos el caso de las artes marciales. Tradicionalmente el alumno o "discípulo" era elegido por el profesor o "maestro". Al menos esa es la idea que se tiene hoy en día, incluso los que no saben de artes marciales o solamente las conocen por las películas. Sin embargo, lo cierto es que la cosa no era tan sencilla ni tan "unilateral". Por un lado, los maestros tenían muchas razones para elegir a sus alumnos, siendo una de ellas la de la cantidad de alumnos que podían tener si querían realmente dar una buena instrucción. Otra era quizás la necesidad de mantener esos conocimientos marciales, que muchas veces no se limitaban a la "violencia", sino todo lo contrario (meditación, zen, etc.) en el círculo de su familia. 

Esto último nos lleva al tema que más nos interesa: el de la aptitud del alumno o su capacidad de aprender y preservar un arte que al ser en este caso realmente peligroso (la capacidad de matar a alguien) no se le podía enseñar a cualquiera. Es decir, la "elección" del alumno busca garantizar que éste tendrá una cierta capacidad de esfuerzo y de persistencia para aprender, por un lado, y de responsabilidad o "moral" para no aplicar negativamente lo aprendido, o saber aplicarlo bien.

En el caso de la educación universitaria, esas "condiciones y responsabilidades iniciales" que un alumno debe cumplir, se miden con una nota de ingreso. Y así, en muchos países solamente se puede optar a ingresar a ciertas carreras universitarias si se tiene la nota adecuada, siendo la nota más exigente la de la carrera con más "demanda".

Sin embargo, actualmente, la enseñanza de las artes marciales contemporáneas está al mismo nivel que la enseñanza obligatoria en muchos países, y esto para mal. Ahora los límites están marcados muchas veces antes por el dinero que se tiene para poder pagar una clase y por la capacidad de las aulas para albergar alumnos (que no es la misma que la capacidad que tiene un profesor de tener alumnos y atenderlos individualmente a todos, sino mucho mayor). Es decir, la enseñanza se ha masificado, y eso tiene su lado negativo.

Masificar las clases es degradar un sistema educativo, ya que antes que todos tengan una educación mediocre, es preferible trabajar para que todos la tengan de calidad, es decir, "nivelar hacia arriba" no "hacia abajo".
 
Este límite está marcado por la experiencia y/o sabiduría del profesor. Porque un alumno adulto puede evaluar hasta cierto punto la capacidad de un profesor para enseñar en función de sus resultados (de si aprender o de que la mayoría aprenda), pero lo que no puede es juzgar a un profesor sobre conocimientos que él (el propio alumno) no posee. En resumen, no es lógico hablar sobre lo que no se sabe, mucho menos emitir juicios de valor sobre ello.

En la práctica esto significa que un alumno puede estar atento a si las clases que sigue le satisfacen o cubren las expectativas que tiene. Si esto no ocurre (ya sea porque no está buscando lo que el profesor enseña, o porque considera que el profesor no lo enseña de forma adecuada en comparación a otras ofertas educativas) obrará en consecuencia, se cambiará de clase, de curso, etc. Pero mientras lo anterior no ocurra, el alumno dentro de la clase debe respetar la autoridad y la sabiduría del profesor, que nunca deberá cuestionar en público por una cuestión de respeto y de lógica aplastante: se va a una clase para aprender de un profesor, no para intentar enseñarle. 

Y esto también hace referencia a la posibilidad de que no entendamos lo que el profesor explica. Porque esto bien puede ser un problema nuestros y no del profesor. Para salir de dudas sobre si se trata de un problema del profesor o nuestro, solamente hace falta ver o compararse con otros alumnos que tengan nuestros mismos intereses en la clase en cuestión, y si estos alumnos también se sienten defraudados, sin duda o el profesor no explica bien, o la clase no es para nosotros, lo que en la práctica implica lo mismo: no debemos estar ahí, hay que cambiar. 

Esto, que parece una verdad evidente, tautológica, muchos lo pasan por algo. Vemos así que en muchos casos alumnos que se creen "aventajados" se dedican a criticar abierta o subrepticiamente a su profesor. Esta actitud no tiene que ser nunca toleradas por sus compañeros, y mucho menos por el propio profesor si se entera de ella, ya que mina la propia autoridad del que es el responsable de que todos aprendan, y crea un ambiente de "chusmerio" o "marujeo" propio de el mercado, no de una clase a donde se va a aprender. 

Las criticas al profesorado por parte del alumnado son, por cierto, imprescindibles. Si un maestro eligiera a sus alumnos, y estos no pudieran elegir a su maestro, estaríamos hablando de adoctrinamiento, y en algunos casos incluso de fanatismo ciego o esclavitud, algo de lo que se han aprovechado muchos líderes, gurús y tiranos. Pero hay un momento y lugar para todo, incluso para las críticas. Y por eso la evaluación del maestro es algo personal que debe implicar decisiones personales, y no servir nunca para faltar el respeto a aquel que se dedica a enseñar, si es que de verdad se dedica a enseñar, y no a adoctrinar. 

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Saludos desde Dojomarcial Dojukai!

lunes, 4 de noviembre de 2013

Hasso kamae: Diccionario de artes marciales

Hasso kamae : Ver Hasso no kamae.
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Hasso no kamae: Diccionario de artes marciales

Hasso no kamae : Kamae o postura de guardia con una katana o bokken, traducida literalmente como kamae en "todas las direcciones", en referencia a las 8 direcciones de corte clásicas.



En hasso kame se debe estar en hidari hanmi, manteniendo el arma perpendicular al suelo con el mango a la altura del hombro derecho, y el filo en dirección al atacante. Se usa en diferentes artes marciales que utilizan armas de corte, tales como el aikido, el kendo, el kenjutsu, etc. También llamado "Hasso no kamae" o "Hasso gamae".

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Kisa: Diccionario de artes marciales

Kisa: Postura arrodillado utilizada en artes marciales como postura de ataque en el suelo o postura intermedia para ponerse de pie.



La postura kisa se logra estando de rodillas, con estas separadas aproximadamente a la altura del ancho de la cadera, y apoyando al mismo tiempo la base de los dedos del pie (falanges), deforma tal que el pie quede elevado, flexionado hacia arriba sobre la articulación distal del metatarso, y con los gluteos apoyados sobre los talones. En aikido a partir de esta postura se realiza el desplazamiento en shikko.

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Saya: Diccionario de artes marciales

Saya: Vaina o funda de una katana.
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Katana: Diccionario de artes marciales

Katana: Sable tradicional japonés.

Sable usado originalmente por los bushi o samurais y utilizado tradicionalmente y en la actualidad en la práctica de muchas artes marciales japonesas antiguas y modernas.

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viernes, 1 de noviembre de 2013

Defensa personal contra ataques irracionales

No toda agresión o ataque físico tiene que ser un ataque con un sentido o un objetivo, lo que podríamos entender más o menos como racional o calculado para lograr algo por la fuerza. Algunas agresiones no tienen ninguna racionalidad por parte del atacante, pero desde el punto de vista de la defensa personal hay que encontrarles la lógica, sea o no racional. Sobre esto reflexionamos en este artículo.
 
Tenemos dos tipos o extremos de ladrones, los de guante blanco, y los que pasaremos a llamar los de "mano sucia".

El ladrón de guante blanco es el ladrón con clase, con una ética o un código bien establecido sobre los límites de sus acciones delictivas y el compañerismo entre "profesionales" del robo. El ladrón de guante blanco ideal es aquel que planifica un robo, estafas, secuestro, etc. y lo ejecuta con total perfección: sin ejercer violencia y sin que haya víctimas o afectados de ningún tipo, donde la única pérdida es económica para el afectado, el haber logrado el ladrón una gran cantidad de dinero. Esta acción suele ejecutarse típicamente contra una institución financiera, personas con mucho dinero, etc. con cierto espíritu digno de Robin Hood en muchos casos.

En el polo opuesto, el ladrón de mano sucia es el ladrón "vulgar". En esta caso el ladrón de mano sucia ideal no tiene moral ni ley, y (lo que es más importante) llega incluso a manifestar una actitud ajena de toda lógica, autodestructiva en muchos casos, una accionar irracional que motiva el análisis de este articulo. Esta irracionalidad puede ser consecuencia de la falta de criterio, del a ignorancia, de embriaguez en sentido amplio o simplemente de la falta de amor por su propia vida que deriva en actitudes muchas veces manifiestamente suicidas.

Cuando la ignorancia, la enfermedad mental o las drogas se combinan con la delincuencia, el resultado puede ser realmente peligroso para las víctimas, porque lo que podría esperarse como "normal" en estos casos, se trastocan totalmente, llegando los agresores a atacar o incluso a matar cuando en teoría no hay ninguna necesidad de ello.

Para entender esto, pensemos cuales son las reacciones normales racionales ante hechos delictivos, y comparémoslas con las que no lo son:

 Reacciones lógicas:
  • - Atraco: cuando a uno lo atracan, si acata las ordenes de los atacantes, estos simplemente huyen con el botín.
  • - Secuestro: en caso de secuestro, se devuelve a al/los secuestrado/s a cambio del rescate, y mientras tanto se los trate relativamente bien.
  • - Robo: al robar domicilios vacíos, lo lógico es que se lleven lo robado lo antes posible.
 Reacciones ilógicas:
  • - Atraco: se producen agresiones o incluso asesinatos de las víctimas pese a su total cooperación.
  • - Secuestro: se tortura, maltrata o asesina a los secuestrados incluso antes de poder cobrar el secuestro, o después de haberlo cobrado.
  • - Robo: se destruye las propiedades que podrían ser robadas in situ. 

Anticiparse a la irracionalidad

Quizás el único sentido de la famosa doctrina del gobierno de Bush conocida como "guerra preventiva", sea su extrapolación a los casos de defensa personal contra ataques irracionales de los que hablamos en este artículo. Uno no puede esperar reaccionar ante la irracionalidad, hay que tratar de adelantarse a su posibilidad, prevenir porque curar puede que una vez ocurrida la desgracia sea realmente imposible.

Con esto me refiero, concretamente a que en estos casos, como decía Sun Tzu, , a que "ataque es preparase para la defensa". Pongamos algunos ejemplos concretos:
  • - Atraco: amenaza de una persona claramente drogada por estimulantes con un arma blanca o de fuego. Lo normal sería cooperar esperando su retirada, en este caso habrá que cooperar esperando su ataque o que baje la guardia para dejarlo fuera de combate a ser posible.
  • - Secuestro: cuando lo normal sería, como secuestrados, pensar en esperar que las autoridades resuelvan el problema, en estos casos habrá que ver si es posible huir o incluso atacar e incapacitar a nuestros secuestradores. Muchas veces será imposible o difícil, pero siempre tendremos que tener en cuenta esta posibilidad por si se presenta.
  • - Robo: considerar dejar defensas activas en nuestra casa (trampas) en casos de robos reiterados, con destrozos, etc., no es algo descabellado ni mucho menos. Puede que la ley no esté "muy de acuerdo" con esto en algunos países...pero lo cierto es que si la propias fuerzas de seguridad no hacen nada por protegernos, sin duda tendremos que hacerlo nosotros de alguna manera.

 Algunos consejos adicionales

- La tranquilidad lo es todo en defensa personal. En la defensa contra ataques irracionales será, además, lo que nos diferencie y nos de una mayor ventaja sobre nuestro atacantes, que por definición acatarán de forma caótica y burda, aunque muy agresiva. Por lo tanto, habrá que estar atento, y buscar el momento de la reacción, confiando que reflejos entrenados serán normalmente mejores y más rápidos que reflejos embotados dirigidos sin lógica alguna.

- El ataque deberá ser contundente, ya que con suficiente droga en la sangre podríamos sorprendernos del castigo que una persona puede aguantar. Los golpes, luxaciones, etc., por lo tanto, deberán ser realmente incapacitantes, no sólo disuasorios.

- Las personas en un estado de enajenación mental por la causa que fuere, pueden no sentir dolor. Las inmovilizaciones o controles deberán ser 100% físicos, es decir, buscando la incapacidad funcional, no la supuesta reacción en función de lo que consideramos "debería" dolerle a una persona en condiciones normales.

- En el caso de uso de armas de fuego, deberá dispararse primero y avisar después. Por supuesto, esto solamente se hará en condiciones de supervivencia que justifiquen los posibles problemas legales que esto nos traerá en el futuro.

- No olvide que la ética deseable en situaciones de defensa personal puede tener que obviarse en estos casos. Si se piensa fríamente se dará cuenta que siempre será mejor tener que lidiar con cuestiones legales a posteriori, que usted o su familia tenga que ocuparse de trámites funerarios...

- Lo verdaderamente difícil será determinar cuándo esta ética de la defensa personal podrá infrigirse en caso ambiguos. Pero tenga por seguro que la mayoría de los casos de ataque irracionales son claros, usted verá claramente y sin duda alguna el riesgo y el peligro para su seguridad o la de los suyos. Aquí, entonces, lo verdaderamente importante será que haya practicado y entrenado como resolver situaciones de este tipo con técnicas y tácticas concretas, algo que deberemos aprender de uno o más maestros de artes marciales competentes.