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Dragón del Sur es un dojo ubicado en el pueblo de Epuyén, provincia de Chubut (Patagonia Argentina) creado como un espacio para la difusión ...

viernes, 21 de marzo de 2014

Defensa personal ante armas blancas: algunos fundamentos

Lamentablemente, se está haciendo cada vez más popular el uso de armas blancas de todo tipo para llevar como "souvenir" en la calle. Me refiero a navajas y cuchillos de diversos tamaños y diámetros, preparados muchos de forma tan que pese a no ocupar mucho al ser retráctiles, pueden descargar puñaladas mortales debido a su forma, canalizaciones, filo, serrado, etc.


Defenderse contra una cuchillada no es, en teoría, más difícil que hacerlo ante un empujón o un golpe. El factor que lo hace totalmente diferente en la práctica es que las consecuencias de recibirla pueden ser fatales, mortales...y así, pueden pasar dos cosas:
  • Si sabemos que nos enfrentamos a alguien que tiene un cuchillo, el miedo puede hacernos reaccionar de forma inadecuada, paralizándonos, por ejemplo (pánico).
  • No ver el arma hasta que es tarde, y no reaccionar adecuadamente porque pensamos que va a ser un simple empujón o golpe.
Un ejemplo de lo que puede ocurrir si no se está atento al contexto: el que recibe el navajazo no debería haber increpado a esa distancia a un desconocido, máxime si mantiene la mano oculta. Su reacción fue a la vez lenta e inadecuada. Las consecuencias, fatales para el agredido.

    Por eso, en situaciones potencialmente problemáticas que pueden surgir en supervivencia urbana (zonas peligrosas, intimidaciones por parte de personas desconocidas, etc.) lo principal es estar muy atento para reaccionar si no vemos las manos del atacante, o las mantiene ocultas; y reaccionar tranquila pero contundentemente si el ataque con el arma blanca es inminente.

    En este último caso, debe tenerse particular cuidado en algunos aspectos:
    • Priorizar la esquiva al bloqueo, y acompañarla con bloqueos seguros (a dos manos).
    • Si realizamos agarres, hacerlo solamente si estamos totalmente seguros de que no implicarán un corte por parte del atacante (por ejemplo, al agarrar la muñeca de la mano que sostiene el arma sin haberla inmovilizado o antes de desarmarlo sería un potencial error).
    • Dar una respuesta proporcional al ataque, ataque que probablemente nos podría haber costado la vida. Lo cual implica actuar en el sentido contrario al movimiento natural de la articulación y, por ejemplo, romper el brazo (muñeca, codo) del atacante, inmovilizarlo o neutralizarlo de forma efectiva, etc..
    • Tener mucho cuidado al manipular el arma una vez reducido el atacante, pero no olvidarnos nunca de que desarmarlo o incapacitarlo para que no vuelva a contraatacar cuando decidimos abandonar la zona. Esto último no es negociable.

    viernes, 7 de marzo de 2014

    ¿Vamos a practicar o a entrenar?

    En castellano la diferencia entre "entrenar" y "practicar" es sutil, pero en artes marciales japonesas es importante y hay que tenerla en cuenta.


    Personalmente nunca me gustó decir "voy a entrenar" al ir a hacer aikido, judo o karate siempre pensé que lo más correcto era decir "ir a practicar", ya que entrenar implica para mi una repetición de ejercicio físicos con el objetivo de mejorar el rendimiento deportivo, mientras que las artes marciales no son eso según entiendo, son algo más...ese algo más implica cada día incorporar nuevos movimientos, nuevas "trazas neuronales", gracias a movimientos que no dominamos y que pasamos de a poco a constituir en reflejos propios, de pensarlos a no pensarlos. Si cada día repitiéramos nada más lo que sabemos y nos quedáramos en eso, ahí sí estaríamos entrenando como en un deporte más y no practicando una disciplina marcial.

    Esto no quita, por supuesto, que entrenar es una forma deportiva totalmente válida de encarar incluso las artes marciales, entendidas en ese caso como deportes de combate o como una mera disciplina física. Pero, insisto, las artes marciales, tradicionalmente, son algo más.

    Después me enteré que no estaba tan errado con esta distinción que hacía en mi mente y al hablar, porque a nivel tradicional japonés (de donde surgen las artes marciales que practico) se piensa más o menos igual.

    Los propios japoneses marcan claramente la diferencia entre "Reshu" (entrenar) y "Keiko" (practicar). La diferencia para ellos no es tan sutil como con los términos en español, sino que, por el contrario, implica en el primer caso una preparación exclusivamente física, mientra que en el segundo caso hace referencia a una preparación mucho más amplia que involucra al espíritu o la mente toda, en comunión, por supuesto, con el cuerpo. De ahí que uno pueda hacer "keiko" no solamente en "budo", sino en otras disciplinas "zen" como la de la del arte de la ceremonia del té o el arte de los arreglos florales.

    No olvidemos esto al ir a practicar al dojo, y si somos consecuentes, avanzaremos en todos los planos de existencia, no solo en el del rendimiento físico.

    miércoles, 5 de marzo de 2014

    ¿Qué hacer si un tipo drogado y borracho entra en tu piscina?

    Parece una pregunta ridícula, ¿no? Y no hay duda que lo es. Pero lo gracioso es que esta pregunta describe una situación real de defensa personal que he vivido, y demuestra algunas cosas sobre lo inútil que resulta practicar una defensa personal basada en tácticas y técnicas rígidas y repetitivas.


    Hay algunos instructores y maestros que dicen enseñar defensa personal, que creen que es suficiente con practicar técnicas de artes marciales para ser un experto en defender a uno mismo y a los suyos. Sin embargo, olvidan que las situaciones reales no sólo son potencialmente "casi" infinitas, sino que además (y sobre todo) no serán nunca como uno las imagina o las espera. Esto puede ser positivo ("fue más fácil de lo que pensaba que podría haber sido defenderme...") pero también, y gracias a las leyes de Murphy, en la mayoría de los casos será negativo ("nunca me imaginé que me pasaría algo así...").

    Volviendo a la pregunta que da título a este artículo, les cuento que en un caso así hay que evaluar al supuesto borracho, y ver si además de estar drogado por el alcohol y llevar un porro en la mano (tal como ocurrió en este caso real que les contamos), no es además una persona peligrosa por tener algún arma blanca o arma de fuego oculta. Una persona que salta la valla o reja de 2 metros que cerca una piscina privada, y que está lo suficientemente drogada como para ducharse calzado y vestido, y con un porro en la mano, y luego sin más tirarse a una pileta, frente a la gente que estaba bañándose y al propio socorrista (los cuales realmente se quedaron sorprendidos por lo bizarro de la situación), una parsona así, evidentemente, puede no estar en sus cabales, ya sea por la ebriedad o porque simplemente es un idiota...pero los idiotas, no olvidemos, también pueden ser peligrosos.

    Lo primero es mantener una distancia adecuada, es decir, no estar a menos de dos metros de esta persona. Lo segundo, y si se es el responsable de la seguridad (socorrista en este caso) prevenir a la gente de lo mismo. Lo tercero, hablarle a esta persona, y exigirle que se retire. En este caso, la persona lo hizo...pero luego de que se amenazara con que se llamaría a la policía, ya que una de las bañistas se puso un poco histérica y se trenzó con este joven en una batalla de insultos que podrían haber terminado mal...

    Eso nos lleva a un cuarto y muy importante punto: nunca debe provocarse una pelea si se puede evitar. Esto significa que no debe provocarse ni siquiera verbalmente a una persona que sabemos está desequilibrada. Máxime si, como en este caso (luego se comprobó) esta persona estaba en compañía de otras...y estas otras podían ser tan tontas (o peligrosas) como él y apoyarlo, ya sea verbalmente o con violencia...

    Las situaciones en que puede darse el caso de tener que defenderse (como esta) son imposibles de predecir. Pero la práctica variada e imaginativa, además de las situaciones reales que se vayan viviendo (también como esta), nos darán la experiencia necesaria para sentirnos, sino confiados (en defensa personal la confianza absoluta no es buena), al menos seguros de nuestras capacidades ante una emergencia o un ataque, y así estar lo mejor preparados posible psíquicamente para repelerlo (la preparación física y técnica, ya sabemos, es otra historia), siempre que, por supuesto, la realidad y nuestra suerte lo permitan.