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sábado, 19 de abril de 2014

Defensa contra el arrebato como modalidad delictiva

La marginalidad que existe en la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, sumada a las particularidades de un a veces pésimo servicio de transporte, hace que esté instalándose desde hace años cada vez más una modalidad delictiva de la que advertimos acá desde el punto de vista de la defensa personal.

Locomotora diesel de un tren argentino. 

Tradicionalmente en Argentina existe (y sigue existiendo) el "punga", entendiendo este como la persona que te roba sin que te des cuenta: te saca algo de la cartera, del bolsillo, del bolso de la dama o del caballero, con sutileza, casi con la habilidad de un político. Por las características de su "profesión", el punga raramente es atrapado, sobre todo, como es evidente, si es bueno en lo que hace.

Sin embargo, desde hace unos años la marginalidad ha devenido en una nueva modalidad delictiva, el "arrebato". Con "nueva" me refiero, por supuesto, en cuanto a su instauración como algo común, sobre todo en los medios de transporte argentinos. Sin ir más lejos, el que les escribe ha visto de forma directa en los últimos meses dos arrebatos de este tipo, y con anterioridad uno que terminó en la muerte del arrebatador (leer al respecto aquí)

El arrebatador es lo contrario al punga: no roba con sutileza, sino que te saca de forma violenta y rápida lo que te quiere robar y se presta inmediatamente a la fuga, confiando en la sorpresa y la velocidad de escape. Es un tipo de robo muy acorde con la marginalidad que se da en las urbes del país del tango, ya que no precisa gran habilidad, solo valor y adrenalina, algo que suelen tener las personas llevadas a la desesperación por el síndrome de abstinencia de alguna droga...es decir, los que realizan este robo "a lo bestia", suelen ser drogadictos, o personas que no necesitan una gran "formación" o "destreza" para llevarla a cabo...cuanto más decae una sociedad en su conjunto, más surgen este tipo de personas.

Sonará loco, pero lo cierto es que en una sociedad próspera, hasta los ladrones son mejores "profesionales" y se hacen cada vez más complejas sus técnicas. En cambio, en una sociedad en decadencia ocurre lo contrario.

Dos de estos arrebatos que presencié fueron en un tren, y un tercero en un colectivo (autobús). En uno el ladrón logró su objetivo y dejó a todos perplejos sin tiempo a nada (colectivo), en otro luchó y terminó muerto al caer del tren, y en el tercero fue detenido por los pasajeros y luego puesto en custodia por las autoridades en la siguiente estación.

Las notas periodísticas de cualquier diario del país confirman que este tipo de robos, sobre todo de celulares o teléfonos móviles, son de lo más habitual, principalmente en medios de transporte. En los colectivos suceden cuando estos están parados, en las terminales, y antes de que arranquen, alguien que se hace pasar por un pasajero común comete el hurto y se da a la fuga. En los trenes, aprovechando que muchos vagones de casi todos los ramales viajan con las puertas abiertas, los arrebatadores agarran violentamente lo que quieren robar, y saltan por la puerta, normalmente cuando el tren ya está cobrando velocidad.

Daré algunas normas básicas de precaución para tratar de no ser víctima de este tipo de arrebatos:

  • Si usa un celular en un medio de transporte, esté particularmente atento durante el ascenso de pasajeros, la cercanía y/o el arranque del mismo para alejarse de una estación o parada.
  • Si puede, elija un asiento lo más alejado posible de los pasillos y de las puertas del transporte en cuestión. Todos los casos que presencié se dieron sobre personas que estaban cerca de puertas y pasillos siendo, por tanto, los más fáciles de robar con un arrebato.
  • No se siente en el suelo ni esté cerca de las puertas (sobre todo si están abiertas y si el medio de transporte está parado o recién cobrando o disminuyendo la velocidad), algo lamentablemente común y a veces imposible de evitar en los transportes argentinos, debido a que se viaja pésimamente.
  • No se deje tomar por sorpresa. El arrebato raramente funciona sin el efecto sorpresa. Esté atento a las personas que lo rodean y su actitud.
  • Esté aún más atento si usted es mujer o no es particularmente fuerte, alto o "intimidante" por su tamaño, contextura física, etc. En todos los casos que presencié los ladrones robaron a mujeres, a personas débiles o distraídas.
  • No obstante lo anterior, no espere poder detectar a un arrebatador por su apariencia: todos somos gente común hasta que dejamos de serlo, no caiga en la trampa de creer que puede detectar a un ladrón por su aspecto de antemano, nada más lo hará por sus acciones, y estas tenderán (en el caso del arrebato) a tomarlo por sorpresa. El ladrón que consiguió su objetivo en el colectivo no me llamó para nada la atención, y cuando quisimos reaccionar (los pasajeros) ya había corrido 100 metros con su botín...

lunes, 7 de abril de 2014

Defensa personal dosificada

Cuando tenemos que defendernos de un ataque que no tenemos posibilidad de evitar, pero en el cual a su vez vemos podemos salir airosos con relativa facilidad, no sólo tenemos que preocuparnos de nuestra propia seguridad, sino también de la de la persona que nos ataca, aunque parezca paradójico.


En efecto, cuando uno se defiende de forma activa (contraataque, ataque) hay que saber dosificar la violencia empleada. Esto tanto por motivos morales como legales. Sin embargo, los que practican defensa personal, o un arte marcial aplicado a la defensa personal, muchas veces lo hacen utilizando principalmente técnicas que son potencialmente mortales o gravemente incapacitantes.

Una defensa personal realista, por tanto, tiene que prever simulacros de situaciones en las que se sepa como reducir a un atacante teniendo en cuenta el daño que se le vaya a hacer a dicho atacante, y el objetivo perseguido por la defensa (huir, deternerlo, defenderse de otros o a otros, etc.). Es decir, sabiendo dosificar la defensa para poder dañar más o menos dependiendo de la situación. Dicho metafóricamente: no podemos usar un cañón para matar una mosca, ni una gomera para derribar a un elefante...y además, puede que no queramos ni siquiera matar a una mosca (aunque podamos hacerlo) y que solo queramos asustar al elefante (porque no podemos hacer otra cosa...).

Así, el repertorio de técnicas de ataque y defensa cuerpo a cuerpo para situaciones de defensa personal tiene que ser suficientemente amplio. Pero me atrevo a decir que debe priorizar más las técnicas que no son gravemente incapacitantes en lugar de las que sí lo son, y dejar casi totalmente de lado la práctica de técnicas mortales que (salvo que cumplamos tareas como parte de fuerzas de seguridad, militares, policiales, etc.) raramente tendremos que usar. Porque recordemos que la defensa personal es eso, defensa, no venganza o ataque o una excusa para practicar artes marciales por la calle.