Entrada destacada

Dragón del Sur Dojo

Dragón del Sur es un dojo ubicado en el pueblo de Epuyén, provincia de Chubut (Patagonia Argentina) creado como un espacio para la difusión ...

jueves, 15 de enero de 2015

Bases o fundamentos para la defensa personal ideal (III)

Bases o fundamentos para la defensa personal ideal, entendiendo esta como un punto de partida teórico para el estudio de situaciones infinitas e impredecibles en la práctica en cuanto a las posibilidades de ataques y agresiones que pueden darse, y las formas de defensa con las que podemos reaccionar a los mismos. Dividiré este estudio de la defensa personal en tres fases: la técnica, la táctica y la estratégica. Tercera Parte.

INDICE
  1. La necesidad del estudio y la práctica de la defensa personal o autodefensa
  2. Definiciones y conceptos 
  3. Estructura estratégica para una defensa personal ideal. 
  4. Estructura táctica para una defensa personal ideal. 
  5. Estructura técnica para una defensa personal idea (distintos tipos de ataques, ataques con o sin armas, lo que no hay que hacer). 
  6. Defensa ante un ataque sin armas o con armas blancas (postura de defensa, esquiva, control, bloqueo, golpes, luxaciones, proyecciones, estrangulaciones, lucha en el suelo, desarmar, huir, etc.).

  • Defensa ante un ataque sin armas o con armas blancas.

La defensa ideal ante un ataque individual, desarmado o con armas blancas, debe ser rápida y eficaz, teniendo en cuenta que muchas veces perder tiempo puede significar problemas (otros ataques, llegada de las autoridades, etc.) y fallar o hacer las cosas mal ser contraproducente.

Teniendo en cuenta esto, una vez no podamos evitar el ataque en sí, la defensa personal debe seguir idealmente el siguiente orden de actuación, que dividiré en distintos pasos para un estudio más claro, pero que son pasos que en la realidad se funden en una continuidad indisociable llamada "técnica".

0 - Postura de defensa.

Si no fuimos asaltados por sorpresa, deberemos adoptar una postura para defendernos ante el posible ataque. Aunque sobre la postura a adoptar hay tantas opiniones como estilos marciales, diré aquí lo que considero básico, lo que implica ofrecer la menor superficie posible de nuestro cuerpo al agresor, al tiempo que buscamos mantener un buen equilibrio y estar dispuestos para la defensa.

Esto implica una postura natural, manteniendo las piernas abiertas más o menos una anchura igual a la de nuestra cadera o espalda (a la altura de los hombros), y ladear el torso para enfrentar al atacante de costado, aunque con la cadera de frente a su dirección. A su vez, la pierna y el brazo de un lado (el menos dominante, o el que corresponda según la situación) deben estar atrasados respecto de los del otros, que apuntarán en dirección al oponente. Es decir, la clásica postura de guardia de las artes marciales que, con el brazo y la pierna "fuertes" atrasados, permite desplazarse (esquivar) y dar golpes o patadas con contundencia manteniendo el equilibrio.  

1 - Esquiva.

Como regla general, si vamos a recibir un golpe, sea con la parte del cuerpo que fuere, si lo vemos venir con suficiente antelación, lo ideal es salir de su trayectoria, esquivarlo. Los desplazamientos en cualquier dirección, hechos con velocidad, son imprescindibles para esquivar un ataque, por eso hay que entrenarlos con regularidad, son la base de toda defensa personal cuerpo a cuerpo.

Aclaremos que esquivar no significa necesariamente retroceder o dar un paso al costado. También se puede esquivar hacia adelante, entrando y anticipándose a la fase de descarga del ataque, anulándolo durante el proceso.

Por tanto, si realmente nos anticipamos al golpe, en vez de esquivar "saliendo", debemos "entrar" hacia el oponente, buscando anular su ataque antes de que se produzca con un golpe, una luxación, derribo, etc.

Esquivar saliendo también puede culminar en una inmovilización, proyección, luxación o control del atacante sin necesidad de golpes u otras acciones.

Si logramos algunas de estas acciones de esquiva-control, pasaremos directamente al punto 5 (está desarmado). Si solo logramos una esquiva, seguiremos con los puntos siguientes.

Hay que aclarar que lograr una esquiva con acción de control al mismo tiempo es realmente difícil, y sólo está al alcance de aquellos artistas marciales o practicantes de defensa personal con muchos años de entrenamiento, e incluso así, en la realidad no es siempre posible, depende en gran medida de las circunstancias: el agresor, la atención que estemos prestando a sus acciones, la visibilidad, etc.

2 - Control.

Si se trata de una persona armada con un arma blanca (cuchillo, palo, etc.), luego de esquivar habrá que controlarlo a partir del brazo que tiene el arma. Esto debe ser ejecutado sólo si se domina, y en caso de la menor duda lo mejor será esquivar y correr.

Como regla general, no nos jugaremos a defendernos contra un ataque con cuchillo o pistola salvo que sea un último recurso inevitable: no hay que olvidar que todo el dinero del mundo no vale nuestra vida, y que por muy bien que nos salga una defensa de este tipo en los entrenamientos, un error en la realidad puede ser mortal y no habrá una segunda oportunidad. No es tener miedo, es ser realista.

En caso de llevar a cabo el control del brazo armado, deberá aprovecharse a ser posible la propia fuerza del ataque para desestabilizar o desequilibrar al oponente, para luego aplicar una luxación. Si se puede se desarmaremos y nos apropiaremos del arma del atacante en este momento, sino habrá que continuar (ver punto 4 en adelante) para desarmar una vez éste caiga al suelo.

Por último, siempre tener en mente que el control es sobre el oponente, no sobre su arma (si la hubiere) o sobre la extremidad que nos atacó. De otra forma, un control de un brazo, por ejemplo, habilitaría al atacante a continuar atacando con una pierna o con el otro brazo. El control debe anular cualquier tipo de ataque posterior del agresor, de su cuerpo como una unidad.

3 - Bloqueo.

Si no pudimos evitar el golpe esquivándolo, hay que bloquearlo. En mi visión marcial, el bloqueo es solamente un complemento o reaseguro a la esquiva, en caso de que esta no fuera efectiva.

Como de antemano no sabremos si vamos a poder esquivarlo o no (sobre todo en el caso de golpes verdaderamente rápidos) el acto de esquivar-bloquear, debe ser indisociable, pero nunca el segundo (bloquear) prescindir o adelantarse al primero (esquivar), ya que si el bloqueo no funciona, en algunos casos puede ser mortal (armas blancas, golpes a puntos vitales).

En caso de luego pensar o dejar la posibilidad para agarrar brazos o pierna para luxar o derribar al oponente, es recomendable hacer el bloqueo con la mano abierta para ya estar predispuesto a ello con mayor velocidad, fluidez y naturalidad. Contrariamente, si lo que pretendemos después es golpear con la mano cerrada, el bloqueo debe ser con la mano en puño.

Al bloquear una patada, un golpe circular (más potente y difícil de controlar debido a la inercia que ganan gracias a la fuerza centrífuga) o un ataque con un arma blanca, una opción recomendable si no se pueden esquivar es bloquearlos con ambos brazos o antebrazos, no con uno sólo, que podría resultar fracturado o lesionado.

A niveles avanzados, el bloqueo y el golpe pueden darse al mismo tiempo, al unísono. Como todo, esto requiere una particular destreza fruto de la práctica. En karate, un golpe se considera tanto una defensa como un ataque, con esa mentalidad se encara la contundencia de las defensas.

4 - Golpe.

Después de esquivar-bloquear, hay que golpear para retomar la iniciativa y disuadir al atacante en su intento, y al mismo tiempo prepararlo para reducirlo de ser necesario. Como dije anteriormente, esto puede haberse hecho paralelamente al hecho de esquivar.

Este golpe no será necesariamente definitivo, sino en principio lo que podríamos llamar un golpe de "ablande" o "de apertura", que también sirve como primer recurso para desorientar al atacante en caso de tener que zafar de un agarre o presa hecha por éste a uno de nuestros brazos, ropa, cuello, etc. Por supuesto, con "golpe" aquí me refiero a uno efectuado con cualquier parte del cuerpo, incluyendo golpes de puño, patadas, codazos, rodillazos, cabezazos y un largo etc.

Hay que tener claro los puntos vulnerables o incapacitantes [3], ya sea para utilizarlos o para evitarlos en caso de no querer causar un daño mayor: corazón (golpeado), clavículas (rotas), boca del estómago (golpeado, asfixia), hígado, zonas erógenas, rodillas, tibias, dedos (para pistola, armas blancas).

5 - Luxar / Proyectar (derribar).

Luxar una articulación es muy efectivo como técnica de defensa personal. Lo mismo ocurre con los "lances" o "proyecciones" típicas del judo y el aikido, que permiten usar la gravedad, la fuerza y el peso de nuestro atacante a nuestro favor, para poder derribarlo al suelo. En ambos casos, por supuesto, hay que saber como hacerlo y haberlo practicado antes de aplicarlo en una situación real de defensa. Si no se conocen este tipo de técnicas, hay que pasar directamente al siguiente paso.

El "poner la pata" o "hacer zancadilla" es la forma más fácil de derribar a una persona, por lo que hay que tenerla siempre en cuenta. En lo que a las luxaciones se refiere, cuanto más chica sea la articulación, más fácil será luxarla, lo que significa que el orden en que deben intentarse las luxaciones en defensa personal en función de su facilidad de ejecución es el siguiente:

- dedos.
- muñeca.
- codo.
- hombro.
- rodilla.

Las técnicas de este tipo no tienen que aplicarse necesariamente después de la esquiva, bloqueo y/o golpe, sino que pueden ser paralelos a cualquiera de ellas.

No olvidemos que el tirar a una persona al suelo puede ser mortal, sobre todo si esta no sabe caer de forma segura (realizar un "ukemi"), si la superficie del piso es irregular o con obstáculos, etc. Una técnica de proyección aplicada "en serio", por tanto, tiene que ser un último recurso.


6a - Inmovilizar, controlar o rematar.

Si esquivamos, proyectamos y/o luxamos, lo más probable es que podamos continuar el movimiento inmovilizando, controlando o rematando (dando un golpe más contundente o luxando) a la persona ya en el suelo. Lo mejor es siempre intentar inmovilizar (controlar), para no caer en abusos de autoridad injustificados (desde el punto de vista legal).

Sin embargo, en el caso de que se trate de un ataque de más de una persona, o de atacantes muy violentos y/o con armas blancas, el golpe o la luxación de remate será posiblemente inevitable para dejar a la persona al menos lo suficientemente conmocionada (lesión incapacitante) para que ya no sea una preocupación para nuestra defensa.

Por otro lado, hay que considerar que el hecho de inmovilizar a alguien, implica quedarse en el lugar para recibir ayuda, atar sus manos y/o piernas, trasladarlo a la comisaría, etc., salvo que se disponga de unas esposas, lo que en muchos países no es legal, y en cualquier caso no necesariamente las tendremos encima.

Recuerde (para evitarlos, antes que para utilizarlos) los principales puntos vulnerables mortales (golpeando): las sienes, la base de la nariz, el entrecejo, la arteria carótida, la garganta (o nuez de adán). 

6b - Desarmar.

En caso de que el ataque haya sido con arma blanca o de fuego, la defensa será el último recurso, pero en caso de hacerla una luxación o derribo se hace casi imprescindible, y debe ser ejecutado sin piedad y con las consideraciones del caso (teniendo en cuenta que el filo del arma, si lo tuviera, no nos corte en el proceso). La propia arma puede servir para luxar en el proceso al atacante.

Hay que tener claro que alguien que nos ataca con un arma blanca o de fuego no tiene consideración alguna por nuestra vida (incluso con un palo se puede matar), por eso no podemos dudar a la hora de reducirlo con contundencia (luxando o lesionando el brazo que porta el arma, por ejemplo, de ser necesario). Luego de haber luxado o proyectado o, en su defecto, habiendo propinado un segundo golpe tras el golpe de apertura.

Si se trata de una pistola, se puede usar la misma para luxar los dedos del atacante, desarmarlo y incluso golpearlo con la culata de la misma. Si se trata de un cuchillo, habrá que desarmarlo siempre teniendo en cuenta el filo del mismo y su trayectoria. Y si es un palo, porra o similar, se podrá usar para luxar muñeca o codos, o golpear una vez nos hayamos hecho con el mismo.

Hay que tener en cuenta que si se trata de un arma flexible (cadena, látigo, porra extensible con resorte, etc.) no servirá de mucho un bloqueo, ya que será "superado" por la flexibilidad del arma, que podrá alcanzarnos igual en la cabeza u otra parte del cuerpo que queramos proteger con los antebrazos.

El desarme implica guardarnos el arma en un lugar seguro, no dejarla en el suelo. Muchas veces la propia arma (palo, cuchillo, etc.) puede servir, ahora en nuestras manos, para terminar de intimidar, inmovilizar o reducir al agresor.

Algunos fundamentos más sobre la defensa personal contra armas blancas aquí.


7 - Estrangulaciones.

Titulo este apartado "estrangulaciones" y no "estrangular", ya que es una técnica "ultimo recurso" que, a mi entender, hay que evitar en defensa personal por su potencial riesgo. Paso a explicar por qué.

Estrangular (a veces llamado incorrectamente "ahorcar") es el acto de hacer apretar de alguna forma el cuello de una persona para dejarlo inconsciente. Para alguien que no tiene práctica en ello, no es para nada recomendable y puede parecer un acto muy violento, y por lo tanto no es para nada recomendable. Para aquellos que manejan esta técnica y la ven con otros ojos (luchadores, judokas, practicantes de jujitsu, mma, etc.) lo cierto es que igualmente deben conocer los riesgos y limitaciones de las estrangulaciones en defensa personal.

Lo primero que hay que saber, es que toda estrangulación que llegue a la inconsciencia es riesgosa para la salud de la persona estrangulada. Aunque la mayoría de las veces no hay consecuencias negativas apreciables, lo cierto es que pueden causarse daños cerebrales por falta de riego sanguíneo al cerebro, o generales, por parada cardíaca en caso de pérdida permanente de la respiración. Esto hace, a mi entender, que desde el punto de vista de la autodefensa, las estrangulaciones se tengan que considerar una técnica de último recurso o, en todo caso, para forzar la rendición del atacante, no para dejarlo inconsciente.

Por tanto, pensando en la integridad de la persona estrangulada (porque, no olvidemos, nuestro objetivo es la defensa personal) hay que dejar de estrangular como máximo cuando esta se desmaya, ya que si mantenemos la presión más tiempo, lo que casi con seguridad se quedaría en un simple desmayo, podría pasar a mayores, con los problemas que esto ocasionaría a la persona (mayor posibilidad de daños cerebrales o incluso la muerte) y los consecuentes problemas legales para nosotros.

Hay dos tipos de estrangulaciones, desde el punto de vista del efecto sobre la persona estrangulada: las estrangulaciones aéreas y las sanguíneas. La primera se caracteriza por impedir el paso del aire por la tráquea, ahogando a la persona. La segunda por impedir el paso de la sangre hacia el cerebro. Por ello, la primera es mucho más lenta en hacer efecto (tiempo que pueda aguantar el aire la otra persona) que la segunda (a partir de 10 segundos). Además, las estrangulaciones que afectan a la tráquea puede dejar lesiones que hagan que, aún después de soltar a la persona, esta no pueda seguir respirando, por lo que son aún más peligrosas en ese sentido. Por supuesto, ambas pueden darse al mismo tiempo, pero alguien que domina la técnica sabe ejecutarlas separadamente sin mayores inconvenientes.

Por último, hay que saber que hay estrangulaciones que en realidad lo que hacen es luxar la columna cervical, ya sea en exclusividad o al mismo tiempo que impiden el paso de aire a los pulmones y/o de sangre al cerebro. La más característica es la conocida como "mata león". El riesgo mortal de esta estrangulación, sobre todo aplicada a personas sin experiencia o entrenamiento (fortalecimiento del cuello, etc.) es evidente. Deben ser el último recurso, ya que pueden causar una lesión medular a nivel cervical que deje parpléjica o incluso mate a la persona.


8 - Lucha en el Suelo.

Es normal que cualquier pelea o lucha termine en el suelo. Mucho más normal de lo que muchos creen, sobre todo cuando los que se enfrentan (o al menos uno de ellos) no son precisamente profesionales de la defensa personal; algo que es de esperarse, sobre todo en el caso del atacante, que será casi siempre, por definición, irracional en su accionar inicial. Y digo irracional porque, ¿qué podría justificar atacar a una persona que no lo atacó a uno previamente?

Por tanto, llegado al piso o al suelo, las reglas para pelear varían bastante debido a que, por decirlo de alguna manera, hay que luchar contra un contrincante más que no cederá por mucho que hagamos: el suelo.

Sería irrisorio intentar explicar técnicas de lucha en el suelo por este medio, ya que aunque lo lograra en la teoría, usted no por ello tendrá más posibilidades en la práctica. Sin embargo, a título informativo, puedo mencionar someramente las posibilidades y principios que rigen la lucha en el piso.

Lo primero que hay que saber es que el suelo, además de ser un contexto donde también darse y recibirse cualquier tipo de golpe, es más bien ideal para la aplicación de palancas (luxaciones) estrangulaciones (ahorcamientos) o inmovilizaciones (retenciones).

Ya hablamos de las luxaciones, solo agregar que en el suelo el peso del cuerpo bien utilizado puede hacerlas incluso más peligrosas, aunque se realicen "lentamente", y que para poder luxar primero habrá que haber controlado al oponente. Lo mismo dicho ya para las estrangulaciones se aplica en este caso, y también lo que acabo de mencionar del control, que siempre requiere unos buenos puntos de apoyo en el piso.

Las inmovilizaciones o retenciones en el suelo son el acto de hacer que la persona permanezca sin moverse, normalmente debajo de nuestro, total o parcialmente. Si bien en judo, jujitsu, lucha libre, sambo y otras disciplinas donde se practican tienen a nivel deportivo un gran efectividad, en la lucha en el suelo aplicada a la defensa personal pueden ser, a mi entender, contraproducentes.

La razón es evidente: mientras que inmovilizamos a alguien, este puede asestarnos golpes o patadas, mordernos, meternos los dedos en cualquier orificio natural (acciones no permitido por la mayoría de los deportes de lucha) o, en el peor de los casos, cortarnos con un arma blanca, etc. Además, si luchamos contra más de una persona, tiene menos sentido quedarse sobre él para inmovilizarlo cuando otros pueden atacarnos en el ínterin. Por último, aunque logremos reducirlo e inmovilizarlo, habría que esperar en esa posición la llegada de ayuda o lo que fuera, cosa para nada práctica.
Por último, no hay que olvidar que el suelo en la calle no es un tatami o una colchoneta. Es decir, podemos lesionarnos simplemente por estar en el suelo: vidrios, un cordón donde nos golpeamos la cabeza, piedras, etc. Lo peor que puede pasarnos, desde el punto de vista de la defensa personal, es que nosotros caigamos al suelo y nuestro atacante siga de pie, porque ahí podrían llover las patadas, etc... En ese caso, si no podemos levantarnos y sabemos luchar en el suelo, más vale arrastrar a nuestro atacante al suelo con nosotros que permanecer en inferioridad de condiciones.

9 - Huir, esperar a las autoridades o transportar al atacante inmovilizado.

Este paso, aunque el último y poco considerado cuando se habla de defensa personal, es totalmente fundamental.

Lo que hayamos hecho antes, influirá en como termine nuestra defensa: con una persona inmovilizada, o con una persona incapacitada para seguir atacando. Si es el primer caso podemos contar con el factor sorpresa (dejarla y salir corriendo) transportarla hasta una comisaría o esperar ayuda de las autoridades si fueron alertadas. Si es el segundo caso, en mi opinión, deberemos abandonar la zona lo antes posible para evitar complicaciones legales.

Transportar a una persona inmovilizada no es algo fácil, sobre todo si esta se resiste. Hay que saber hacerlo y en cualquier caso es una situación incómoda que hay que tratar de evitar salvo que seamos un agente de la ley y no tengamos otra opción que llevarla a cabo. De hecho, la principal diferencia entre la defensa personal en general, y la defensa personal policial, radica en que un policía debe siempre concluir su defensa en la inmovilización (esposado) y transporte del atacante.

  • Si se va a recibir un golpe.

Si no podemos esquivar y/o desviar, un golpe, o acortar la distancia hacia él, sólo queda recibirlo ("encajarlo") de forma tal que nos haga el menor daño posible:
  1. Si el golpe es en la cara o mandíbula, hay que procurar no tener la boca abierta, y apretar fuerte los dientes a la vez que ponemos rígidos los músculos del cuello, evitando que la cabeza rote absorbiendo el impacto (para impedir una posible lesión cervical, que podría ser fatal o dejarnos fuera de combate).
  2. Si es al abdomen, contraer los músculos del torso de forma tal que éstos impidan posibles daños a órganos internos, aunque las costillas puedan verse afectadas (para eso está la caja torácica, para proteger los órganos vitales).
  3. Siempre es preferible recibir un golpe en la frente o la parte alta de la cabeza que en la nariz, la mandíbula, las orejas o la sien, que son zonas más débiles o sensibles. Un golpe a la mandíbula puede dejarnos inconscientes, uno en la sien matarnos por ser esta parte del cráneo muy fina.
  4. Algunos recomiendan no cerrar los ojos o parpadear, para poder seguir luchando luego del golpe sin perder la visión del combate. Sin embargo, el no parpadear es un instinto difícil de evitar, sobre todo si se recibe un golpe directo en los ojos, por lo que no es algo que debamos plantearnos hacer de forma realista, salvo que lo hayamos entrenado previamente y lo tengamos debidamente automatizado como reflejo.

Notas
[1] Entendiendo por armas cualquier objeto que puede ser usado para defendernos.
[2] Sun-Tzu - El Arte de la Guerra.
[3] Que normalmente causan dolor o pérdida de conciencia, pero que son igualmente peligrosos.

No hay comentarios. :

Publicar un comentario