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viernes, 3 de julio de 2015

Roturas fibrilares y desgarros: prevención, primeros auxilios y tratamiento

Aunque las medidas de primeros auxilios para poner en marcha ante una rotura o desgarro de fibras musculares son limitadas, también es importante saber cómo prevenir este tipo de lesiones a nivel deportivo, y sobre todo comprender en el acto la gravedad de la lesión una vez que ocurre, para actuar de forma correcta en consecuencia.

Un desgarro o rotura fibrilar (aquí usados como sinónimos), es lo que podríamos llamar una "herida interna" [1] o corte en las fibras (y también vasos sanguíneos) que componen los músculos [2], fibras que al contraerse y al estirarse permiten el movimientos de los huesos gracias al juego de nuestras articulaciones. Al dañarse estas fibras y vasos que la irrigan la posibilidad de contracción y estiramiento del músculo se ve disminuida en alguna medida.

Esta rotura de fibras puede darse por varias causas, aunque podemos hablar de tres casos generales:

Desgarro por estrés muscular o sobrecarga (crónico)

 Es decir, cuando el músculo está sometido a una tensión o exigencia diaria superior a sus nivel de resistencia (sobrentrenamiento), y en un momento dado acusa ese cansancio en forma de lesión. El musculo es literalmente exigido por encima de sus posibilidades durante un tiempo prolongado debido a un inadecuado entrenamiento o esfuerzo físico, y termina rompiéndose.

Desgarro por un movimiento brusco y/o anormal (agudo)

Debido a que todo movimiento de un músculo o más músculos implica el movimiento contrario de otro/s, su/s antagonista/s muchas veces la extensión o flexión brusca o incorrecta de una extremidad o parte del cuerpo (o también por ejercicios de estiramientos o elongación inadecuados), puede causar un desgarro en uno de los músculos o tendones implicados en dicho movimiento. Implicados ya sea como encargados de la acción principal, o como fijadores de dicha acción gracias a las "conexiones" que se dan entre ellos durante el acto motriz (conexiones conocidas como "cadenas musculares").

Entendemos acá por movimiento brusco a un movimiento rápido que supera momentáneamente la capacidad que tiene un músculo o tendón de estirarse o contraerse (normalmente a gran velocidad, pero no necesariamente). Mientras que un movimiento anormal es aquel que exige que el músculo ejecute un movimiento de forma antinatural y contraria a su función.

Así, un desgarro agudo puede surgir tanto por brusquedad como por exigir al músculo y/o sus tendones a realizar un movimiento técnicamente incorrecto donde (por ejemplo) se quiera mover algo inamovible (fuerza concéntrica o estática) más allá de de nuestras posibilidades (superar la fuerza concéntrica máxima que el músculo o tendón resiste), o se haga una torsión o palanca en un eje que fuerce en movimiento uno o más músculos más allá de sus posibilidades de estiramiento o contracción (fuerza excéntrica), ya sea de forma voluntaria o por accidente (una caída o un resbalón, por ejemplo).

Desgarro por traumatismos

El más raro, pero puede ocurrir. La rotura muscular se da por la acción externa de un golpe o corte, y puede verse tras un accidente vehicular, por ejemplo.


Prevención y precauciones para evitar desgarros


Los desgarros son una lesión típica de deportistas, ya que (como dijimos) suelen surgir como consecuencia de una sobrexigencia física, momentánea (movimiento brusco o técnicamente erróneo) o prolongada en el tiempo. Esto significa que podemos anticiparnos a su posible aparición, y tomar medidas para evitarla en lo posible.

Un desgarro no puede predecirse, y tampoco evitarse con el 100% de seguridad, pero el seguir ciertas buenas costumbres puede disminuir mucho la posibilidad de que aparezca. Algunas de estas medidas preventiva son:

  • Evitar el sedentarismo. Aunque aquí damos por supuesto que los desgarros le ocurren a los deportistas, lo cierto es que no siempre es así. Aquellas personas que no realizan ejercicios físicos con regularidad o que son sedentarias, pueden sufrir calambres igualmente precisamente por ese motivo, y su recuperación será mucho más lenta y peor que la de una persona con una buena condición o estado físico (entre otras cosas debido a una menor vascularización de sus músculos). La razón es que las fibras musculares son débiles, y ante un movimiento brusco (por ejemplo, el obligado partidito de fútbol de los domingos con los amigos) o un mal movimiento (levantando las bolsas del supermercado, sin ir más lejos) desemboca en un desgarro.
  • Realizar un buen calentamiento y vuelta a la calma (enfriamiento). El calentamiento no tiene que ser sólo aeróbico (correr, moverse) sino muscularmente localizado (calentar los principales músculos que se van a ver implicados en los movimientos típicos del deporte o actividad física que vamos a realizar a continuación). Además, los estiramientos y movimientos articulares deben formar parte de estos ejercicios de inicio y fin de la sesión de práctica.
  • Mantenerse bien hidratado (antes, durante y después del ejercicio). Puede leerse más sobre este tema acá.
  • Mantener una buena nutrición, equilibrada. La desnutrición o una nutrición desequilibrada son factores que predisponen los desgarros musculares. La diabetes también es un factor de riesgo.

  • Realizar ejercicios de musculación o fortalecimiento muscular equilibrados. En particular, nunca se debe fortalecer un músculo sin hacer lo propio con su antagonista de forma proporcional, y viceversa. Esto se aplica tanto al entrenamiento con pesas, máquinas o aparatos como complementos; como al exigido por los propios ejercicios del deporte o actividad física que realicemos.
 Un ejemplo de lo que ocurre cuando no se presta atención a esta recomendación se ve en algunos futbolistas que fortalecen mucho sus cuádriceps, pero no hacen lo propio con los isquiotibilales (biceps femoral), su antagonista, fomentando la posibilidad de lesiones. Esto pese a que los profesionales de la medicina deportiva saben bien que la fuerza de los cuádriceps no puede superar en demasía la de los isquiotibilales, porque el resultado es una mayor posibilidad de desgarrarse estos últimos ante una fuerte patada, por exceso de potencia en los primeros.


Síntomas

Los síntomas subjetivos de un desgarro muscular (que siente el que lo padece), y que se dan siempre en mayor o menor medida, son los siguientes:

  • Dolor muscular localizado.
  • Impotencia funcional (imposibilidad de mover el músculo afectado).
 
A los que hay que sumar como posible síntomas objetivos (detectables por la exploración de la zona desgarrada) que indicarían que la rotura es más grave (o sea, no están presentes en desgarros leves):
 
  • Hematoma (inmediato o a medida que evolucione la lesión).
  • Inflamación.
  • Corte, o "hachazo" que se detecta a simple vista o por palpación de la zona afectada.
  • Raramente: mareo, shock, sudor frío (como consecuencia de un dolor muy agudo).


Tratamiento de primeros auxilios y evolución de la lesión

Lo que NO hay que hacer nunca (porque puede agravar la lesión, que hay que tratar casi como una herida externa o como una fractura a nivel de inmovilización), es lo siguiente:

  • NUNCA movilizar la zona de la lesión o masajear.´
  • NUNCA estirar o elongar.


Lo principal que hay que hacer es:

  • Dejarse guiar por el dolor, evitar cualquier acción que lo incremente.
  • Aplicar hielo o frío. Siempre y cuando no se espere una exploración médica inmediata o se juzgue un desgarro menor (rotura parcial). Si fuera de otra forma, enmascarar o aliviar el dolor puede impedir hacer un buen diagnóstico de la zona afectada, habiendo que esperar a que pase el efecto de los calmantes.
  • Siempre es bueno luego consultar con un médico. En caso de que se trata de un posible desgarro grave (ver síntomas más atrás) es imprescindible hacerlo con urgencia para saber qué pasos a seguir.


Sobre la aplicación de frío y calor

Aunque algunos autores no se ponen de acuerdo respecto de las virtudes o perjuicios del frío (hielo), lo cierto es que la mayoría coincide en que durante los primeros momentos (24 a 48 horas, o mientras dure la inflamación), luego de un diagnóstico médico concluyente, la aplicación de hielo local es lo más efectivo para reducir el dolor al mitigar una posible hinchazón (recordemos que el hielo nunca debe aplicarse de forma directa sobre la piel). A medida que evoluciona la lesión es puede aplicarse también calor (para aliviar el músculo si está contracturado) o frío, según el caso y los resultados que de en cada lesionado.

Evolución de la lesión

Aunque no está probado que nada acelera la cicatrización de un desgarro muscular, es cierto que algunas medidas puede favorecer una recuperación más confortable (que no más rápida) de la lesión. Entre estas medidas se encuentran la siguientes:

  • Guiarse por el dolor. En algunas lesiones no se aplica esta máxima, pero sin en lo que atañe a los desgarros. Básicamente significa mantener toda actividad física regular, siempre que no cause dolor en la zona lesionada, y progresar en la movilidad de la lesión a medida que el dolor disminuya (la herida cicatrice). El movimiento, siempre que se matenga por fuera del umbral del dolor, ayudará a una mejor y más rápida recuperación al mantener un buen flujo sanguíneo en la zona lesionada.
  • Evitar en principio los masajes y estiramientos. A diferencia de lo que ocurre con los calambres o tirones [3] en los desgarros los masajes y estiramientos están contraindicados hasta que el dolor haya desaparecido prácticamente en su totalidad. Por supuesto, toda actuación debería estar supeditada a la consulta con un médico traumatólogo y un fisioterapeuta o kinesiólogo.
  • Uso de vendajes y/o prótesis elásticas. Aunque es una medida de confort, puede evitarse tranquilamente, y en cualquier caso nunca debe abusarse de estos métodos ortopédicos. Es decir, que se deben usar con moderación, y reducirse su uso a medida que se reduce el dolor o mejora la lesión. Esto es así porque sino uno corre el riesgo de debilitar la zona muscular afectada por la "adicción" a complementos ortopédicos de este tipo, ya sea adicción física o psicológica.
  • Aplicación de calor o alternancias entre calor o frío localmente. Como dijimos, al principio el frío suele ser lo mejor. Más adelante lo mejor es dejarse guiar por el dolor, y ver lo que se aplica mejor a cada caso. En general suele venir bien el calor para relajar los músculos, pero a algunas personas siguen sintiéndose mejor con el frío, o con la alternancia de frío y calor. Esto puede hacerse de forma casera a través de baños o duchas, de paños o de bolsas de hielo, etc.


Notas:
[1] Aunque por definición una herida no puede ser interna, valga aquí esta expresión para ayudar a la comprensión de lo que es un desgarro.
[2] Aunque la rotura puede darse en cualquier músculo del cuerpo, en este artículo nos referiremos a los músculos motores. Es decir, los músculos que posibilitan mover el cuerpo o cualquier parte de él, mandados por el sistema nerviosos central; y no a los músculos que cumplen otras funciones (como las digestivas, circulatorias, etc.) mandados por el sistema nervioso periférico (el que se ocupa de todas las acciones musculares involuntarias).
[3] Hay que saber diferenciar bien entre desgarros o roturas fibrilares y calambres o tirones musculares, principalmente porque el tratamiento de primeros auxilios de una lesión es totalmente contraproducente para la otra. Para leer más sobre calambres o tirones musculares siga este enlace.

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