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viernes, 20 de noviembre de 2015

Por qué no será más fuerte que los demás practicando artes marciales

Thomas Hobbes, uno de los filósofos más influyentes y destacados en filosofía política, puede enseñarnos algo fundamental sobre las artes marciales y la defensa personal: por qué no será usted más fuerte que los demás, aún siendo un artista marcial.


En su más reconocida obra, Leviatán, Hobbes, como todo filósofo con miras universalistas, habla sobre la naturaleza de hombre en general y, apasionado de la filosofía política, de cómo se comporta en sociedad en relación al poder de dominar o dañar a los demás.

Así, reflexiona, todo hombre no es más o menos igual a cualquier otro: el más fuerte no se diferencia demasiado del más débil. Pese a que algunos se sientan superiores a otros, lo cierto es que todo hombre, todo artista marcial incluso, necesita comer, necesita respirar y necesita dormir...si otros hombres más "débiles" que él le niegan la comida o se la envenenan (agricultura con agrotóxicos), le niegan el aire que respira (contaminación...) o lo atacan mientras duerme, el más fuerte de los hombres, el más entrenado de los artistas marciales, puede caer ante el más débil, a condición que se asocie con otros, que espere simplemente el momento adecuado o que use algún arma que la tecnología o la ciencia le pueda proveer para matar o dañar a alguien más fuerte que él...

Incluso hay que considerar un hecho aún más obvio: nadie puede mantenerse en estado de alerta todo el tiempo, ni siquiera mientras está despierto. Cualquier artista marcial sabe que aún poseyendo un "sexto sentido" para los puntos ciegos de ataque, hasta el más experto de los guerreros puede ser atacado por sorpresa y/o a distancia, de forma tal que no pueda evitar ser herido por cualquier otro ser humano.

A nivel intelectual, según Hobbes, la igualdad es aún todavía más marcada. Pese a que todos creen ser más inteligentes que los demás, lo cierto es que se debe solo a una falta de modestia propia del ser humano en general.

Así, muchos empiezan a practicar artes marciales o defensa personal, consciente o inconscientemente, porque quieren ser más fuertes que los demás. Si reflexionamos como lo hizo Hobbes, nos damos cuenta que lograr eso es imposible. La única forma de sobrevivir en una sociedad numerosa es colaborando entre los miembros de la misma, individualmente, el más fuerte será siempre el más débil si logra la enemistad del resto: será linchado. Si se hace enemigos más que amigos, terminará mal o dependerá de su suerte para sobrevivir, y ya no digamos para vivir bien o tranquilo...

Dicho de otra forma: practicar artes marciales nunca, incluso antes de la existencia de las armas de fuego, hizo a alguien inmune al ataque de otros, ni tan siquiera más fuerte que el mayor de los débiles.

Esto significa que buscar una seguridad física en la práctica de las artes marciales orientadas a la defensa personal es una quimera.

Pero lo que no es una quimera es que la seguridad y la confianza sea interior.

Y lo que tampoco lo es, es que esta búsqueda nos lleve, precisamente, a tener menos enemigos...

Todo lo anterior no quita que las técnicas, la táctica y la estrategia marcial nos pueden evitar muchos problemas y ayudar a defendernos en la realidad de ataques reales: ante un golpe o un cuchillazo ya lanzado e inevitable, no queda más que actuar. Las "herramientas" marciales que poseamos, en ese sentido, bienvenidas serán siempre en este mundo moderno donde muchos quieren avasallar a los demás, ante el hecho consumado, no podemos permitir ser avasallados.

Pero no hay que creerse inmunes, por mucho que sepamos, como ya recalcé más de una vez.

En otras palabras: la humildad no es una posición hipócrita, es una posición necesaria y consecuencia de lo que nos enseña el camino marcial.

Las "herramientas" no son el fin del artes marcial, son solo una mera aplicación para la autodefensa, un corolario de algo más vasto e interno que la simple defensa ante un ataque.

Como suele pasar en la vida, entramos por una puerta, y terminamos descubriendo un lugar que no esperábamos encontrar, pero mejor de lo que hubiéramos imaginado. Eso pasa con aquellos que emprenden disciplinas marciales esperando dominar por la violencia (aunque más no sea por motivos de defensa) y terminan cooperando por la paz. Algunos lo llaman suerte, otros destino y otros, en fin, lo llaman hacer camino al andar.

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